La Tarapa
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En el corazón de la comarca castellana de "Tierra de Campos" se halla enclavado el Monasterio de San Isidoro de Dueñas, en la provincia de Palencia junto a Venta de Baños, en el valle bordeado por los ríos Carrión y Pisuerga, a doce kilómetros de la capital, teniendo acceso directo a la altura del Km 90 de la carretera N 620. Los orígenes del monasterio se remontan, según el sentir general de los historiadores, al siglo VII, dentro del monacato hispano-visigótico. No obstante, los datos documentales acerca de su existencia, sólo alcanzan en la actualidad hasta los comienzos del siglo X cuando, tras la invasión árabe, vuelve San Isidoro a ser repoblado por monjes benedictinos, que fueron sus moradores ininterrumpidos hasta la expulsión impuesta por la Desamortización de Mendizábal en 1835. En 1891, se reanuda la vida monástica, esta vez por los monjes cistercienses de la Estrecha Observancia (O.C.S.O.), conocidos a menudo como Trapenses, procedentes de la Abadía de Santa María del Desierto (Francia), dando nacimiento a la comunidad actual de San Isidro, como se suele conocer habitualmente el monasterio.

 

La comunidad de San Isidoro ha conocido, en su etapa cisterciense, una notable fecundidad en cuanto a fundaciones. De su seno han surgido a lo largo de su vida centenaria cinco nuevas comunidades: dos en España: San Pedro de Cardeña, en Burgos (1942) y la restauración de la comunidad de Santa María de Oseira, en Orense (1966). Y tres fuera de Europa: Nª Sra. de Bela Vista en Angola (1960), Virgen del Curutarán en Méjico (1980) y, recientemente, Santa María del Paraíso en Ecuador (1997), primera implantación de la vida monástica masculina en aquel país.

 

El edificio monástico actual es testimonio de la larga historia de la abadía y de sus diversos períodos. La iglesia del monasterio es lo más antiguo de sus edificios. Su construcción original se remonta al siglo XI o comienzos del XII. Valiosas muestras de esta época son la portada de acceso, sus ábsides y la torre-cimborrio que la corona. Tras repetidos incendios y avatares a lo largo de su historia, el interior actual del templo corresponde a la última restauración de 1926, tratando de conservar su primitiva fisonomía en cuanto lo permitió su entonces precario estado de conservación.

 

El monasterio, por su parte, corresponde en su construcción actual al siglo XVII, como sustitución del edificio precedente, desaparecido con ocasión de uno de los incendios sufridos por la abadía. Se encuadra plenamente en el estilo herreriano, propio de la época. El interior que hoy contemplamos es también fruto de la restauración y adaptación de la actual comunidad cisterciense, resultando claramente apreciables en él las notas de sobriedad y sencillez que caracterizan su específico estilo de vida monástica.